Cuando era pequeño, sentado en la taza de nuestro water, cerraba los ojos bajo la luz de  la lampara y en la pizarra de mi cerebro se dibujaban formas en colores fluorescentes. Eran como mandalas con las que Dios me señalaba como el elegido.
Esta iluminación de empoderamiento individual es “paradojicamente” algo generalizado. Y hace que te encuentres con un pesado que se cree el rey de su portal porque le gusta tal grupo de música, porque es vegetariano ovo lácteo, porque conoce todos los jugadores de la liga belga o porque cree haber sido el único en entender tal escena de Kill Bill. Por supuesto te dará una chapa abrasiva hasta que les otorgues algún tipo de reconocimiento por su don único. Que ni siquiera es que hace algo especial, sino que le gusta algo que el considera es especial.
La singularidad y la diversidad son tendencia y las marcas de éxito la alimentan. Ninguna empresa presume de fabricar bien, sino de hacer productos diferentes, como tú. Los posicionamientos de las marcas rehuyen de lo mainstream. Lo freak vende, Apple y Facebook promueven campañas a favor del orgullo gay, su publicidad invoca la exclusividad y celebran lo diferente. Y está bien, puedes ser más simple que un botijo, que obtienes tu realización de pertenecer a una tribu especial. En otros casos, tu singularidad es la razón para reclamar otra dicha más justa o algún privilegio cuasi histórico ya seas un empresario catalán nacionalista o un obrero WASP norteamericano.
Es la pirámide de Maslow., la jerarquía de las necesidades humanas En las sociedades desarrolladas, las necesidades biológicas y de supervivencia están cubiertas y todo se juega en las ligas superiores.

maslow

En esta sociedad la religión uniformizadora no encuentra su sitio y ya ni la izquierda reclama una conciencia colectiva, sino que su lucha se centra más en el empoderamiento de colectivos históricamente oprimidos. Defensa justa. Hasta no hace mucho una mujer sólo podía encontrar la realización desarrollándose en dos ejes: el de la belleza o la maternidad. Podías ser la mejor de tu profesión que cualquier guapa del montón o madre abnegada, te iba a mirar por encima del hombro.
Hoy en día los coachs profesionales te recomiendan que desarrolles tu marca personal singular, que te cambies el nombre por alguno pegadizo, de un idioma ancestral y que tu identidad se apodere de keywords molonas y atendiendo al Long Tail. En muchos casos, la situación se vuelve cómica y me recuerda al personaje de This is Britain que en una moderna villa inglesa reclamaba la condición de ser el único homosexual incomprendido, cuando el pueblo estaba plagado de otros gays más.