Hemos sido engañados con datos erróneos a una escala planetaria. Y con malos datos, no hemos hecho otra cosa que tomar malas decisiones.

Me recuerdo a mí mismo hace un mes, quitándole importancia al coronavirus. Para calcular el peligro, miraba mapas estadísticos y mi cabeza echaba una fría regla de tres en la cual, si en el pico de la infección en China han muerto 3.000, en España que es 30 veces más pequeña, sólo se llegaría a 100 muertos en el peor de los casos. Además, en países vecinos como Vietnam o Camboya, casi no había incidencia. Será por el calor, y aquí la primavera está punto de llegar. Había avisos de la potencial escalada, pero justo venían de agoreros que solían tener como líderes a los habituales mentirosos, cual “Pedro y el Lobo”.  Mi cabeza concluyo que aquello debía ser “um catarrinho” y que por qué no comprar en una bolsa de «rebajas». La realidad, fue que cuando le vimos las orejas al lobo, éste ya se había devorado las más de 100 de mi cálculo.

Llegó el confinamiento, todavía no llegábamos ni a un par de miles de casos, pero coincidía que casi todos los casos conocidos eran políticos a los que se le habían hecho tests. Por cierto, está sucediendo ahora exactamente lo mismo en Reino Unido. Saltaban las alarmas en mi cabeza. En gestión de datos cuando un número no parece estar bien, casi siempre está mal.  

Nos hablaban de aplanar la curva de unos contagios que nos relatan en partes de guerra. ¿Pero qué curva? Ahora sabemos que probablemente el número de infectados sea mucho mayor. ¿Pero cuánto mayor?. Si se extrapola en función de los muertos a causa del coronavirus, la cifra de potenciales contagiados se multiplica por 10. Sin embargo, incluso los datos sobre fallecimientos parecen no ser fiables, pues cada país cuenta a su manera. En Francia y Alemania nos deben estar engañando. ¿Será que las únicas cifras transparentes son las de España e Italia? Desgraciadamente al enfrentar nuestras cifras contra la media de muertos en un periodo normal, descubrimos que las cifras de muertos por COVID19 en Italia y España tristemente son mucho mayores.

En nada ha ayudado la actuación de la prensa, que combina proclamas de responsabilidad colectiva, con noticias amarillistas y opiniones militantes sobre las que argumentar sus dogmas ideológicos. Toda esta sobrecarga de noticias y pocas certezas han generado una infoxicación general sobre el coronavirus. Parece que lo sano, sería pensar en otra cosa. O en cosas positivas. En China ya sólo hay contagios importados. Reconozco no saber nada sobre virus, pero éste es otro dato que me parece cuanto menos sospechoso. Me recuerda a su cifra de 3.000 muertos que me llevó a invertir en bolsa. Lo mismo sospecho de las cifras de contagios Rusia, que presume de tener un par de muertos únicamente.

Para curarnos de esta infoxicación y no herir más la sensibilidad de una sociedad debilitada que se enfrenta a la mayor emergencia que nos ha tocado vivir, en España ya se ha empezado a no contabilizar a ciertos enfermos, y en algunas comunidades autónomas a no dar cifras de muertos por franjas de edad, con el ánimo de no “estigmatizar” a la población anciana. No sé nada de epidemiología, pero si un poco de gestión basada en datos, y creo que es un error mortal no contar con datos reales que nos informen de la realidad a la que nos enfrentamos, para bien o para mal.

El Big Data y la inteligencia artificial pueden ayudar a gestionar de un modo más eficiente esta emergencia, como al parecer lo han hecho en Corea del Sur que si supo coger a tiempo la epidemia. Sin embargo, con datos erróneos, la inteligencia artificial se convierte en estupidez artificial y las decisiones que tomemos serán una y otra vez erróneas.

La propia historia nos sirve de lección de un caso de censura global. La gripe española no nació en España, si no que comenzó un par de años antes, probablemente en Francia. Enfrascados en plena primera guerra mundial, se censuro su noticia a nivel internacional, mientras que nuestro país, neutral en el conflicto, fue el primero en alarmar con informes sobre la enfermedad. A partir de ese momento, se pudieron tomar una medidas tardías ante una enfermedad más devastadora que la propia guerra.

La estrategia de no contar los muertos para decir que no los ha habido, no le debe servir a una ciudadanía responsable. Debemos combatir los datos falsos y la censura como un enemigo aliado de la propia epidemia.

Gerardo Raído

@gerardoraido

P.S. Gracias a todos los colectivos profesionales y ciudadanos que están peleando contra esta pandemia. Mil y un 👏