El mal uso de nuestros datos por parte de las Empresas.

Mi abuela me aleccionaba para siempre adoptar una actitud reservada en la vida, ya fuera en el trabajo o con los amigos. Nos decía a sus nietos que cuanto menos sepan de uno, mejor.  Creía firmemente que una de las principales causas de los males que nos sobrevenían, era haber dado demasiada información a cerca de nosotros mismos.

Estoy convencido de que a eso se debe el carácter indefinido que tenemos los gallegos.  Ese cliché de un gallego de no se saber si sube o baja, se debe a cierta desconfianza atávica a compartir información. Está claro que la información es poder y dársela a otros, supone un riesgo. Aunque también es la principal base de la comunicación humana. Está antropológicamente teorizado que nuestro feo habito del cotilleo fue la clave de la superioridad del homo sapiens frente a otras especies humanas.

Recuerda Mark, los humanos beben agua

El internet 2.0 supuso una revolución a la exposición pública de nosotros mismos y de nuestra información personal. Dejamos de ser únicamente receptores de la información que las empresas producían para nuestro consumo, a querer dialogar con las empresas, entre nosotros y hasta tener una voz propia, produciendo contenidos públicamente accesibles. Buena prueba de ello son las redes sociales, blogs o el nacimiento de profesiones como los youtubers.

Con ello algunas startups, casi siempre norteamericanas, empezaron a ver que había negocio en ofrecer servicios digitales gratuitos si como contraprestación abrían un canal de comunicación publicitario con esos usuarios u obtenían datos con permiso para campañas.  Al tiempo, se desarrolló el Big Data, que permitía trabajar con ingentes cantidades de datos estructurados y desestructurados (ej. posts, audios…), gracias al abaratamiento de las capacidades de almacenaje y procesamiento en paralelo de datos. Esto lo empezaron a aprovechar esas startups, que para entonces ya eran grandes corporaciones tecnológicas y tenían a millones de personas usando sus aplicaciones. En toda esta actividad, los usuarios les dejaban además un rastro digital que se podía convertir en datos sobre afinidades y necesidades.

Con el Big Data, los más listos de la clase descubrieron que la información más profunda no se encontraba en lo que los clientes decían (en formularios o encuestas), sino en lo que realmente hacían a lo largo de su comportamiento de consumo y su relación causal con sus datos conocidos. Este mejor conocimiento del cliente permitió a los negocios más espabilados, orientar el diseño de sus productos en base a las tendencias marcadas por sus clientes, conseguir una experiencia de consumo personalizada y con todo ello ganar mucho dinero. Un ejemplo de ello ha sido Google o Amazon. Otro más reciente sería Netflix: por un lado, con su servicio de tv on demand en la vanguardia de la personalización y usabilidad; por otro lado, usando el Big Data para elegir temáticas, actores o estrategias de lanzamiento en las series de producción propia (Narcos, House of Cards…).

Mientras todo esto sucede, me asombro como usuario al utilizar la app de Movistar online, pues no se conecta con la plataforma de Apple tv ni Chromecast, no puedo volver automáticamente a aquel contenido que  estaba viendo y a la vez me destacan perpetuamente su oferta de fórmula 1 sobre la que nunca me he interesado ni me interesaré…no deberían saberlo ya?

El banco en el que tengo mi nomina me anuncia un préstamo “personalizado”, pienso que sin analizar que cada mes automáticamente retiro fondos a otras opciones de inversión de otra entidad, lo cual denota no tener problemas de liquidez ni precisar de dicho préstamo.

Por teléfono me llaman por duodécima vez para ofrecerme que añada una línea móvil a mi tarifa, les respondo nuevamente que no necesito una línea móvil pues tengo la de empresa. En quince días me volverán a llamar. Lo peor es que todas estas empresas tienen enormes departamentos de sesudos data scientists.

Por esta historia del Big Data. Hay muchas personas que tienen miedo al uso de sus datos por parte de las empresas. Lo respeto. Yo sinceramente de lo que tengo pavor es del mal uso de mi información por parte de algunas empresas.  A nivel personal acepto que pueden acceder a cierta información personal siempre que lo hagan de un modo transparente y proporcionado. Es más, exijo que no me pregunten aquello que debieran saber con un análisis simple de mi comportamiento.  Asumo que las empresas usen mis datos siempre que sea en mi beneficio y no en mi perjuicio.

En general, las empresas americanas nos llevan ventaja en el buen uso de los datos, pero también tienen casos muy feos como el de Facebook. El mandamiento más importante de todos y que las empresas deberían grabarse a fuego es “Nunca uses los datos de tus usuarios en su perjuicio”.